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La técnica y formación de los conciliadores
Jueves, 20 de Abril del 2017   |   Novedades Empresariales

Conciliare Perú

 

En el ‘Menón’, Platón sostiene que la virtud no es enseñable, entre otras razones, por no haber maestros capaces de enseñarla.

 

Con relación a la formación de un conciliador hay muchas virtudes que él debiera aprender y desarrollar: la moderación, la prudencia y, sin duda, la justicia. No obstante, en lugar de ellas se fomentan las habilidades del buen hablar (y del saber escuchar), la diligencia en la redacción (del Acta de Conciliación, por ejemplo), o la técnica de preguntar con propiedad.

 

Estas son capacidades muy eficaces para el manejo de la audiencia, pero las virtudes son necesarias para forjar un consenso y una paz perdurable. Su dificultad de enseñarlas, en los estrechos límites de un curso de conciliación, no hace más que confirmar la vieja sospecha platónica.

 

Sin embargo, ni se comienza a conciliar tras llevarse un curso o acreditarse como conciliador, como tampoco se practican las virtudes solo con ocasión de un conflicto. La virtud es, como lo comprendieron los griegos, una cierta forma de vivir, de conducirse en la vida, manteniendo siempre la excelencia en el obrar, pues solo así el ser humano se realiza, cuida de su alma, cultiva lo mejor de sí.

 

Quien ayuda a conciliar a otros debe mostrar una excelencia no episódica, más bien biográfica. Y no es la excelencia de carecer de conflictos, (pues ellos son inevitables, no dependen de uno necesariamente y, en el fondo, son oportunidades de mejora). El conciliador debe ser virtuoso en el momento y modo de encarar un conflicto, dentro y fuera de un procedimiento conciliatorio. Si responde a él con violencia y pesimismo, con intolerancia e insensatez, con imprudencia y obstinación, el conflicto habrá puesto al descubierto una manera de ser de espaldas a la conciliación y a sus virtudes propiciatorias.

 

Parecerá desmesurado exigir o esperar una performance de esa naturaleza del conciliador, o de cualquier otra persona. Pero, acaso, de eso no trata la vida humana, de recrearla con una cultura, donde la práctica activa del bien, como la paz, dejé de ser un cliché y sea más bien la normal consecuencia de saber vivir unos con otros, a pesar de los conflictos, que –cual piedra de toque– ponen a prueba nuestra virtud.

 

 

Diario Oficial El Peruano (20.04.2017)

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